18 de octubre de 2017

Bendita la telefonía.

Una mirada fija en un par de palabras impresas virtualmente. No sé que hay ahí que llame tu atención, pero lo dejo pasar. Nuestra conversación no para de cortarse, hay un millón de silencios, y no estoy muy segura de qué estoy haciendo mal. No paras de mirar esa pantalla. Ilumina la punta de tu nariz, tus ojos brillan como no lo habían hecho antes. Gesticulas, te haces el loco, yo desaparezco por un momento y vuelvo cuando levantas la vista. Hola, soy yo de nuevo. Crees que eres capaz de hacer varias cosas al mismo tiempo, en verdad tu atención solo se difumina a la vez que mis ganas de seguir con esto. Miro a cualquier lado que no seas tú para tratar de olvidar esa pequeña muralla que nos separa, busco un punto en el horizonte que quizás me quite un poco de esta enfermedad. Si pudiera te diría todo lo que se me pasa por la cabeza sin embargo no soy quién para decirte que apagues el móvil, que tu realidad soy yo, aquí, frente a ti. 
Sin quererlo caigo en el mismo juego. Uso pausas para darle al inicio, no te miro a los ojos más de una vez, solo para que no sientas que sigo fuera. No te escucho porque mis sentidos se centran en otro, otras, otros. Te hago preguntas absurdas, no quiero que sepas que realmente no estoy contigo. No estoy aquí.

merci, merci, merci

13 de septiembre de 2017

si estás solo dale al play y estoy contigo

el silencio se lleva
un cuarto sin amplia cama
el puntero que suena
y un alma que vuela fuera

este silencio no eres tú
son las puertas gritándonos
la ducha rota, el pladur
son las motas de polvo gris.

un silencio encendido,
escondido en las teclas
de nuestro cuerpo tendido
apoyado en este sitio.

llena el silencio con ruidos
pero la música viene
a completar los supiros
que adoran tus oídos.


merci, merci, merci





5 de septiembre de 2017

je vois la vie en rose

Me haces llorar,
erizar mi piel,
calmar mis nervios.

Tu respiración en mi nuca
me emociona.

Tiemblo,
porque en un tiempo
no te tendré así.

Se van
las nubes grises.

Flotan lejos de mí.


merci, merci, merci

5 de agosto de 2017

Cuando mi única pasión es dormir pero no consigo horas de sueño.

Si te faltan horas algún día,
deja que te regale todas las que tengo, 
porque llega un momento
a las 8 de la tarde
en el que no se muy bien si me siento humana
o un intento de suspiro.

Conmigo
llego a aburrirte, aburrirme también. 
Me canso de mi misma tantas veces
que he perdido la cuenta.
Me aburro de las luces tenues
y de los colores estridentes, 
me aburren estas cuatro paredes
azules, como si unas rejas no nos separaran
del cielo. 

Quiero buscar un sentido al día de hoy,
pero no importa lo que haga,
porque sigo estando 
vacía.

merci, merci, merci

14 de julio de 2017

¿Qué harías si pudieras saber el momento exacto?

Temblores, sudor en la palma de sus manos. No para de mirar su muñeca. Sombras sutiles adornan sus ojos, sus comisuras subrayadas de rojo. Un vestido ligero que vuela con el viento, que flota a la vez que camina. Era imposible ignorarlo, era imposible no prepararse para esto. No pudo evitar rizarse el pelo, echarse un poco más de colonia de lo normal.

Un día como hoy no habría salido de casa.
Pero aquel día la cuenta atrás se acababa.
Miró su muñeca una vez más.
¿Qué harías si pudieras saber el momento exacto
en el que conocerás al amor de tu vida?

Cuando le explicaron qué significaban aquellos números cambiantes en el reverso de su muñeca lo vio tan lejano que ni se preocupó por ello. Algunos decidían cubrirlo porque preferían no saberlo. Otros lo ignoraban, pensaban que algo tan tonto como unos números no podía determinar el azar, que esas cosas no pasan así como así. Ella sin embargo no lo cubrió ni lo ignoró, simplemente lo olvidó hasta que las cifras se fueron haciendo cada vez más pequeñas. Entonces empezó a ir al gimnasio, se dejó crecer el pelo y aprendió a bailar. Se esforzó por gustarle.

Y llegado el día no se sintió preparada, no sabía ni andar. Deambulaba de un lado a otro, no tenía nada que hacer. Entraba y salía de las tiendas más concurridas con la esperanza de que todo llegara a su fin, pero el tiempo no iba más rápido de lo normal. Se cansó de esperar y se sentó en el primer banco que vio. La gente seguía paseando, ajena a ella. Ninguno se imaginaba que su vida podría cambiar a partir de entonces.

10 segundos.

Hiperventilaba

8.

El corazón se le iba a salir del pecho.

5.

Nadie se acercaba.

3.

Estaba a punto de llorar.

1.

No podía respirar.

0.

Levantó la vista y solo estaba la gran ventana de la cafetería de enfrente,
en la que cazó la mirada de un chico
sosteniendo las manos de otra.

merci, merci, merci




23 de junio de 2017

A veces me duele y no sé por qué.

Esta presión en tu pecho,
tantos años preguntándote
quién es,
qué falta.

Hay formas de calmarla,
hay formas de olvidarla.
pero vuelve,
más fuerte.

Tumbado, el sol dibuja sobre tus piernas
calienta y te quema,
aún así hay sombras que permanecen
cosidas a tus pies.

merci, merci, merci

18 de junio de 2017

0:40

muchos problemas tienen más de una solución,
pero el mundo sería mucho mejor
con un poco de amor.

Individualismo contemporáneo.

En la ducha canta muy bajito y las gotas de agua taconean sobre una tarima de madera que cubre el suelo y poco a poco se pudre. Se lava el pelo con el champú y se mete de lleno en la canción. Por un momento parece que su corazón late. Sale en toalla y descalza, regando el suelo mientras sus pelos se ponen de punta. Una vez llega a su cuarto decide qué se pondrá esta vez que pueda disimular las arrugas. Tiene el armario hasta arriba de cosas pero siente ese vacío cavar entre sus intestinos, y cree que quizás necesita comprar algo más. Porque ya no sabe como llenarlo y el desorden se manifiesta en pelotones de ropa aglomerados sobre su cama. Buscando entre todo ese caos pretende encontrarlo, pero pocos tienen esa suerte. No sabe qué es, sigue mirando detrás de cada etiqueta, dentro de todos sus bolsos. Más tarde se rinde, y abre un libro. Después lo cierra y abre otro. No, tampoco está ahí. Es como si tratara de saciarse constantemente, muchísima sed pero ni todo el agua del mundo podía contentarla. Quizás tenía hambre. Los días pasaban, así las semanas y los años, no supo cómo.

Un día vio a una madre llorar por su hijo y supo que solo necesitaba ese tipo de amor.


merci, merci, merci

25 de mayo de 2017

Solo buscamos alguien que nos escuche.

Cuando era pequeña me imaginaba muchas historias de amor, pero ninguna tenía un final feliz.

El piano llora mejor que ningún instrumento. Cada vez que él tocaba sentía esa presión en el pecho, y de algún modo lograba expulsarla a través de la punta de sus dedos. Sus manos se balanceaban de un lado a otro, yendo de puntillas o dando saltos, creaban música, a él le daban vida. Nunca llegó a ir al conservatorio porque las circunstancias no se lo permitieron, pero tenía pasión y razones por las que seguir, así que siempre siguió. Todo el que le escuchaba se preguntaba a quién dedicaba todas esas lágrimas. Se decía que era mudo, que no sabía hablar; así contaba su historia. Otros afirmaban que una vez perdió la vista; ciego de amor. Él estaba ya viejo: su cara llenas de manchas y su pelo desgastado se había quedado blanco. Por dentro ese dolor no se agotaba, no erosionaba con el paso del tiempo, y parecía intensificarse a medida que él se hacía más mayor.

No lo engañaron, tampoco murió. Fue tan simple como abandonarse el uno al otro y decirse adiós sin intención de volver. Fueron decisiones mal tomadas, el arrepentimiento. Palabras que se quedaron en la garganta y no llegaron a materializarse. Fue orgullo. Y ahora él solo era un piano lleno de polvo y ella una canción sin partitura. La mayoría de sus recuerdos han desaparecido y ahora solo le queda esa sensación de pérdida. En cada pentagrama pide que vuelva, ningún concierto acaba sin un bis. Las teclas se hunden dificultosamente bajo la yema arrugada de sus dedos y frotan cada herida mal curada. Todas se abren y no dejan de derramarse, flotan en el aire y llegan a oídos ajenos. Él respira y espera que en algún lugar del mundo ella lo escuche llorar.

merci, merci, merci

23 de mayo de 2017

take my leave of you.

Hoy he borrado un par de recuerdos. Mi móvil ha tardado más de dos minutos en eliminarlo todo, y eso en realidad es bastante. Es tan sencillo tocar el icono de la basura e intentar hacer como que en parte todas esas memorias también te abandonan a ti. Es casi tan fácil como hacer que mi rímel se corra, o casi tan fácil como ponerme el pijama un lunes. He borrado un par de recuerdos que en mi cabeza ya estaban muy enterrados, recuerdos que hace tiempo quería guardar con cariño pero ahora solo me pesan. Eso será lo peor de todo, no ha dolido extirparlos de mi pecho, ni si quiera los he tenido que arrancar. Han caído solos, han resbalado y se han ido, se han despegado de mí. Como si nada.

Quiero pensar que la vida es así, todo nace, vive y muere. Nacemos y vivimos momentos que en algún momento mueren. Y renacemos cuando por fin vemos la luz al otro lado del túnel, que un día se apaga. Lo que recuerdo de todos vosotros, recuerdos, se ha ido. De hecho, lo que olvido de vosotros es cada vez más, ya no sois nada. Intento vivir este momento y es lo que más me cuesta de todo, que sea solo este momento. ¿Soy solo eso? ¿Somos solo lo que sentimos ahora? Porque me da mucha pena, he sentido cosas muy bonitas que no me gustaría olvidar. Aun así hay otras que preferiría que se resbalaran, sinceramente.

¿Deberían? No sé. Nos autoengañamos, el presente es el presente, vívelo. Qué más da lo que ocurra mañana si lo que está pasando ahora está bien, es lo que te hace sentir bien. Hay algo en mí que no, no está del todo bien, y no sé que es. Salto de piedra en piedra sin mirar lo que estoy dejando atrás, o si alguien desesperado está acercando su mano a la mía y yo empecinada salto de nuevo, y me alejo. Quiero que todas estas partes de mí sepan darse la mano de una vez, y no corran más. Me falta el aliento.

merci, merci, merci.